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Trece minutos

Trazo con palabras el camino que hacía a diario hace trece años. Apenas duraba trece minutos. Regreso a los lugares donde comenzó todo y los miro con nostalgia.

 

«Y volví a los sitios por donde caminaba cuando me creía invencible, cuando aún no sabía «que la vida iba en serio».
Paseé las calles con nostalgia en la garganta y las derrotas en los bolsillos.
Cambiaron de lugar la tienda donde compraba el papel y los pigmentos, materiales que por entonces conformaban mi billete de viaje.
Hicieron peatonal la plaza donde cogía el número 40 y no vi ningún c2 lleno de gente.
La calle Aire seguía igual de angosta y escondida junto a la calle Verde cubierta de hiedra.
Las campanas me devolvieron a aquellos años en los que las tardes me tiznaban de negro y el azul cerúleo, el rojo cadmio y el amarillo limón estaban aún por estrenar.
Volví a los sitios donde ingenua aprendí a volar y donde decidí que así quería vivir, en las alturas.
Pero en aquella época no sabía nada sobre aterrizajes forzosos o accidentes aéreos. No sabía que nadie es invencible y que las caídas siempre duelen.»