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Salvar el juego

El 24 de julio del año pasado trataba de plasmar mi «Declaración de intenciones». Ese mismo día, hace dos años, me preguntaba en mis páginas diarias por qué me resultaba tan complicado trazar líneas rectas. Ahora, en 2020, quiero preservar del mundo cómo era yo antes de que la palabra «pandemia» formara parte de nuestro léxico popular.

Y así como Cocteau salvó al fuego que habitaba en él, yo intento protegerme salvando al juego. Por eso he trazado con mi «culpa» la trayectoria azarosa de esta peonza que he fabricado con tiras de papel.

«Declaración de intenciones:
Culpable.
Me declaro miedosa, dubitativa, nostálgica.
Me declaro valiente y cobarde.
Rebelde, juez de paz, abogada del diablo.
Me declaro rizomática y taxónoma.
Lunática y pedestre.
Me declaro niña, adulta y anciana, depende del día.
Precisa y dispersa. Enrevesada y sencilla.
Soy una página en blanco o una caja cerrada.
Me declaro culpable.»