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327’5

327’5 son los grados centígrados que necesita el plomo para alcanzar el punto de fusión.
En esta cotidianidad que me he fabricado a golpe de sumas y palabras, siento que el peso del vacío se ha vuelto metal en mis manos.
Es por eso que tengo listo un crisol para fundirlo. Voy a liberarme de toda carga.
327’5 es la cifra de mi esperanza líquida.

«Esta mañana acorazada siento las puntas de los dedos frías y venenosas. Están revestidas de plomo.
Arrastro con dificultad mi mano azulada por la parcela de 148 x 210 mm que me he asignado.
No puedo abarcar el terreno, tampoco lo puedo traspasar y saltarlo sería impensable.
Las plúmbeas yemas de mis dedos pesan como sólo lo hacen los asuntos pendientes, como pesan los días fugados.»